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Los pichones en la calle china

Había una vez una calle china en una ciudad nada china. Y había también un restaurante muy chino: con su gato de la suerte, su Buda y todo lo demás. Pero así como era cien por ciento china la decoración, más chinos eran los platos que servían allí y sobre todo uno que simpáticamente cayó en mi mesa hoy día.

Podría haber sido un suculento manjar de Mandarines. La verdad es que su delicada textura pasaba cómodamente de ser suave a ser etérea y de ahí a ser inexistente. Y mientras miraba sorprendido al muy atento y muy servicial mozo, me quedaba con la certeza de que este platillo no llegaría ni a ensuciarme los dientes.

Pero resulta que esto era auténtica y lo demás, sandeces. Mientras Gisse, mi eventual acompañante en tardes gastronómicas, se deleitaba comiendo sin prisa pero sin pausa su enorme plato de Arroz Chaufa yo me dedicaba a picar, por aquí y por allá, las débiles hebras de carne que aún le restaban al pichón.

Era un excelente restaurante chino, con galletitas de la suerte, té jazmín y un mandamás oriental fumando alegremente en una esquina. Sin embargo, mi evidente ignorancia culinaria y mi desapego al dinero me hicieron escoger, entre los varios platillos conocidos, uno que no pasaba de los quince gramos: un armazón de huesitos con carne, que habrían pasado por desperdicios de pituco gordo.

La pobre de Gisse: miraba casi apenada mi plato famélico. Debo suponer que por sus ojillos mas de alguna idea burlona se le asomaron. No dijo nada, mi noble amiga. Se puso a comer, como si ese famoso Pichón al Sillau fuera un plato de todos los días. Disfrutaba su inmenso plato de arroz mientras el que les habla se peleaba con un montón de huesillos que no querían soltar lo poco de carne que tenían.

Minutos mas tarde, mientras ya le había ganado y por K.O. la pelea al famoso pichón, Gisse -muy dignamente y muy dueña de sí- agarró mi plato, y sin mayor drama sirvió cuatro pesadas cucharas de Arroz Chaufa, procediendo luego a regarlo con el consabido Sillau. Sonriendo me dijo: “Antes de que te desmayes!”. Sin dejar espacio para mayores comentarios, réplicas o reproches, se impuso también por K.O. su coherencia femenina.

Entonces, mirando el plato en el que reposaban los restos descarnados del que en vida fuera un pichón, comprendimos tardíamente que esto de andar en calles chinas y entre platillos chinos no era lo ideal para un par de tipos que estaban mas acostumbrados a Pizza Hut que al Kamlú Wantan. Nos reímos… ¡Qué mas nos quedaba! Estoy seguro que el mozo sonreiría también, burlonamente claro está, al recoger los restos óseos del pichón.

De mis archivos, junio de 2001.

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El autor: J.Francisco Canaza Apuntes Peruanos es un sitio web editado por J.Francisco Canaza. Desde el año 2003 ofrece comentarios sobre la actualidad cultural, económica y política del Perú. También encontrará anotaciones sobre vida digital y tecnología.

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Los pichones en la calle china
Publicado el 29-8-2003 a las 8:14 pm
en Apuntes Peruanos - http://apuntesperuanos.com
(C) J.Francisco Canaza. Contacto: correo@apuntesperuanos.com

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