China, según Alan García
Ultimamente la fascinación por China ha ocupado a más de uno: Alan García también se ha enamorado de este país y, como siempre, ha creado un bonito discurso:
La conclusión es obvia y casi paradójica. Los capitales parecen estar más dispuestos a llegar a asociarse con el Estado, a instalarse y crear empleo cuando el Estado ejerce una enérgica acción reguladora y con sus entidades y empresas les da estabilidad y eficiencia en los servicios. Por el contrario, no llegan fácilmente a los países que han destruido su aparato estatal, o llegan para adquirir las partes de éste que se subastan, no llegan a los países con gobiernos inestables y carentes de instrumentos o de capacidad para promover proyectos de largo plazo. Gracias a ello, el desarrollo chino se ha logrado sin la gran deuda pública que caracteriza el crecimiento económico de otros países como el Brasil, y además a diferencia de éste que sólo creció 0.5% el año pasado, China ha mantenido su tasa de 9%.
Lo que se le olvida a Alan es que el “capital” no va a asociarse con la burocracia estatal, va a conquistar el mercado, a como de lugar. Y si eso significa tener que asociarse con un estado monopolista, no les queda otra opción. China es el mayor laboratorio mundial en tecnología: si funciona en China es casi seguro que se convertirá en un estándar. Sea como sea.
Claro que el modelo chino tiene elementos propios, su enorme extensión geográfica, su inmensa población, su larga historia y su régimen político que no lo hacen transferible, pero América Latina debe comprender la necesidad de asociar su crecimiento a esa gran realidad. Un Acuerdo de Complementación Económica continental con China, permitiría vincular nuestra tecnología y nuestra producción a su proceso, evitando la confrontación para la cual, por el momento, China está mucho mejor preparada. Y sería un complemento enriquecedor y alternativo al camino del ALCA o libre comercio con los Estados Unidos. Que si se puede vender a China productos elaborados lo demuestra ya el caso del presidente de los industriales del Perú que exporta partes y piezas de grandes molinos a ese país, y ese ejemplo puede continuarse sin complejos.
Claro que, a costa de esto, el agro ya no existiría más, ni la industria siderurgica, por poner dos ejemplos. Perú quedaría convertido en un mero exportador de materia prima a China, porque siendo sinceros, “tecnología” no tenemos. Y asi, el ejemplo de García se quedaría en eso: un ejemplo. La balanza comercial con China siempre ha sido deficitaria: son más las importaciones chinas que lo que el país exporta.
Ciertamente, la mejor puerta de entrada de China a América sería el Perú, pero ¿A qué costo?.
Para seguir leyendo, Alan García: El asombroso modelo chino, veinte años después, en el diario Correo
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Publicado el 4-2-2004 a las 8:48 pm
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(C) J.Francisco Canaza. Contacto: canaza@apuntesperuanos.com
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