Del indigenismo a Humala

En casi todos los países del mundo se recoge un sujeto propio de la cultura local como modelo identificable, que a su vez sirve como cohesionador de la sociedad nacional, un elemento de identidad que deja entrever qué es el ciudadano de un país de cara a los demás ciudadanos del mundo. Desde los tiroleses, pasando por el andaluz, el vasco, el llanero, el gaucho o el cow boy, estilos y costumbres se han convertido en paradigmas que permiten una sociedad cohesionada.

Estos a su vez arrastran todo un argumento musical, culinario, idiosincrático; todo un mundo cultural que al ser asumido como referente de nación ayuda a esta cohesión, a la vez que se enraiza en las gentes de estas naciones. Sin embargo existen países como el nuestro, o Bolivia, en el que los referentes de identidad han sido trastocados por los tiempos: de lo “hispánico” post colonial a lo “americano” en sus variados matices.

Estos referentes que menciono no es que brillen por su ausencia en nuestros países, es que son varios: de extensión limitada en su identificación y de raigambre local-regional, cuando no ajena y yuxtapuesta a la realidad local.

Este diagnóstico no es nuevo: a principios del siglo que pasó toda una corriente buscó la “una imagen” de lo peruano, identificandola con lo andino. El indigenismo de Julia Codesido, de Valcarcel y otros construyeron el primer referente de “lo peruano original” desde un análisis plástico, antropológico. Casi cien años después de este “indigenismo” nos ha quedado la obra fragmentaria, y una curiosa metáfora: el indigenismo empezó siendo una corriente intelectual que nunca convenció ni integró al mundo indígena; en todo caso no lo llevó a ese cambio y a esa suerte de ícono que quiso crear por ejemplo Camilo Blas en su obra pictórica o el mismo Mariátegui en sus escritos.

Humala se saltó todos los libros y se dedicó a ondear la bandera de la diferencia racial, con el mismo pundonor con el que Sendero Luminoso lo hizo. Humala proclamó el evangelio de lo étnico. Que le salgan falsos profetas no es culpa nuestra: Del indigenismo integrador hemos pasado al discurso de lo étnico como márgen y frontera, como frente de batalla. Y cualquiera encuentra que la nación Perú no es más que un armazón aún en construcción en la cual lo étnico aún no ha dado paso a lo peruano.

Si bien uno puede entender que el objetivo de ambas es acercarse al “peruano original”, la gran verdad es que este “peruano original” no existe. Bueno, no tal cómo se podría esperar. ¿Cómo identificar y cohesionar lo quechua, lo aymara, lo ashaninka, lo wanka? Incluso dentro del mundo quechua, por poner sólo un ejemplo, la variedad de matices idiomáticos, los códigos sociales privativos de cada comunidad, hacen que veamos a ese mundo de lo indígena (que para algunos es simple y fácilmente catalogable) como lo que es: una rica variedad.

Los manotazos a la construcción de una identidad no nacen sólo por parte de los Humala y similares. La misma experiencia del alcalde Castañeda de remover la estatua de Pizarro por ser “ofensiva a la peruanidad” es un ejemplo de cómo la sociedad en general se rige por una serie de prejuicios que llegan a condescender en un falso tutelaje y promoción de lo auténtico peruano, que raya con lo risible. Eliane Karp como mejor ejemplo de esto último, y Alan García junto a algunos congresistas como ejemplos risibles de ese falso tutelaje.

La nuestra es una época particularmente curiosa: ni estamos integrados ni estamos completamente aislados. Estamos en el momento crucial en el que se puede realmente articular la sociedad, en el que se vienen sentando las bases para la construcción de una nación que gracias a la migración se ve mucho más proclive a la inclusión y al ascenso social. Con todo esto, los cuestionamientos sobre lo que és el Perú, sobre qué sujeto lo representa y en cuál se identifican extensos sectores de la población no está dicho. No aún. Sin embargo inclusive la existencia de Humala permite facilitar algo: la puesta en relevancia de un sector de la sociedad no reconocido totalmente en el desarrollo de la nación

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Comentarios a este artículo

  1. forest dijo:

    vaya, pero si muchos nos sentimos felices sabiendo que removieron la estatua de Pizarro, y lo reafirmo aunque yo mismo fuera descendiente de él.

  2. carlos valdez espinoza dijo:

    Estimados amigos:
    La CONSTRUCCION DE NUESTRO PERU ES UNA LABOR HARTO COMPLICADA, SOY PROFE SE ARTE EN LA ESCUELA DE BELLAS ARTES DEL PERU Q TIENE UNA SEDE EN JAUJA, Y TODAS LAS CURRICULAS SOLO ENFOCAN LO GRECOROMANO Y LO OCCIDENTAL COMO MEDIOS DE CREACION.
    INTENTO PLANTEAR UNA MIRADA DEL ARTE DESDE LO ANDINO PERO ME CHOCO TODOS LOS DIAS CON PAREDES HECHAS DE PREJUICIOS Y DE NULA AUTOESTIMA.
    EL INDIGENISMO Y TODO LO Q TIENE Q VER CON LO AMERINDIO DEBEN REPLANTEARSE AL SIGLO XXI, PUES CREO QUE ES UNA OPORTUNIDAD…… DE CONSTRUIRNOS.
    CARLOS VALDEZ ESPINOZA.
    ARTISTA PLASTICO.
    HISTORIADOR DE ARTE.

  3. Joel dijo:

    Tines mucha razon Carlos. Eso no pasa solamente en el arte si no en toda las áreas de las ciencias,letras ,etc,acaso tenemos alguna creación genuina hecho en perú, y para el colmo la enseñanza en las universidades tine un enfoque netamente occidental y un enfoque muy mal copiado que se basa en repetir y repetir como loritos lo que esta ya hecho y nada de investigación,creación de nuevos pardigmas.
    Parece que la creatividad murió aquí aquella tarde de 1532 apartir del cual nos covertimos en un pais totalmente usuario de lo que otros hacen. Es momento ya que cambie todo esto.

  4. Mujica Gallo dijo:

    ..eston sin un par de gilipollas, con versos trasnochados que entienden nada, ala que sigan tirando piedras.

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