Bolivia

En varios artículos anteriores he hablado de Perú con relación a Bolivia, dada la innegable vinculación de ambos países tanto por lo geográfico como por lo cultural. Dada la cercanía del referendum del 18 de julio, el cual busca a través de cinco preguntas lograr el respaldo político que el gobierno del Presidente Mesa exige para tomar decisiones sobre el gas natural, decidí dejar de lado por un momento los fines de este weblog, que debía centrarse en Perú. Así, si bien es cierto el tema tiene relación con nuestro país, lo que aquí describo tiene mucho más que ver con Bolivia y los bolivianos.

Y digo que el tema tiene relación con Perú no sólo por la posibilidad de que el gas boliviano salga al comercio vía un puerto peruano, sino porque esencialmente ese vinculación cultural y territorial que compartimos ambos países va a hacer que cualquier hecho político sucedido en Bolivia genera una reacción en parte de nuestro territorio. Y, ciertamente, puede influir en acontecimientos futuros.

El referendum boliviano, contrario a lo que podría esperarse, no va a conseguir más que una cosa: exacerbar los ánimos de un sector de la población particularmente sensible al tema de las inversiones privadas en Bolivia. A estas alturas, lo más seguro es que nominalmente el Presidente Mesa consiga un apoyo en el referendum a las reformas que intenta realizar, con el alto coste de verse enfrentado a una nueva hornada de movimientos etnico-políticos que van a mantener al país en un estado de alarma permanente.

El movimiento indígena boliviano ha sido uno de los más desarrollados de nuestra iberoamérica. Dos de sus principales líderes son Felipe Quispe y Evo Morales quienes fortalecieron sus respectivos movimientos en los disturbios que empezaron en febrero de 2003, y que terminaran con la administración Sanchez de Losada. Luego, la crisis del gas se hizo presente, y en vísperas de este referendum se han convertido en opositores. Felipe Quispe, el “Mallku”, y su Confederación Unica de Trabajadores Campesinos, le ha declarado la guerra al referendum, mientras que Evo Morales junto con el Movimiento al Socialismo insta a sus seguidores a participar en el referendum.

Lo que fuera hasta hace unos meses un frente antagonista de las reformas del Estado, y un importante frente político, se ha disgregado no sólo en las dos posiciones mencionadas, sino en una serie de movimientos locales que harán más que dificil el conseguir esa ansiada paz política que necesita la gestión de Mesa para continuar en la implementación de las reformas que el pueblo boliviano exige. Una cosa es encontrarse con un adversario único con el cual a lo más las cosas pueden entramparse luego de la definición de posiciones, y otra es verse necesitado de atender a varios pequeños grupos, antes que sucedan desastres o que las exigencias populares se desborden.

En el panorama boliviano, las cosas no quedarán tan claras como algunos esperan luego del referendum. El esquema propio del mismo, cinco preguntas sobre el manejo de los recursos energéticos, deja abierta la posibilidad a varias interpretaciones sobre lo que realmente se ha decidido. No es de extrañar que los partídos políticos instituidos se vean enfrascados en debates incluso ahora, días cercanos a la realización de la consulta popular, y que nuevos debates se den luego del escrutinio. Mientras tanto, la aparición de nuevos liderazgos es un hecho. La estabilidad política boliviana aún deberá esperar mejores vientos

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