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Advertencia: El culpable de todo lo que leerán a continuación es HD
¿quién le manda a despertar demonios olvidados hace sabe dios cuantas lunas? Esa anotación sobre libros y redes sociales es la que me hizo recordar un problema de cuando empecé a ser asíduo de Internet, allá por 1997.
Recuerden por un instante que mi formación es sobre Derecho y no sobre Informática o Documentología, asi que sabrán perdonar cualquier desatino que aquí esté plasmado. En todo caso, el retomar esas preocupaciones originales (sobre orden, organización y acceso a la información) no han terminado por recrear la idea original: en el futuro nos encontraremos con hubs de información, nos guste o no. La vastedad resulta siendo un problema que no se solucionará con métodos completamente automatizados, sino con interacción. Lo que equivale a decir que habrá mucha discrecionalidad. O quizá no… como consecuencia natural de este mundo de hubs es de esperarse que se termine por construir un mercado de rutas de escape, de atajos que vuelvan a revalorizar el saber individual. En todo caso, esta introducción ya es muy larga, y mis notas de 1997 esperan ser leidas. Los comentarios son bienvenidos, quizá para mejorar el original, quizá para quemarlo. En todo caso, el texto en letras pequeñas corresponde a lo que añado justo ahora, que espero no sea mucho.
Algo que ha estado dando vueltas en mi cabeza es preveer cómo se establecerá la relación futura entre consumidores y productores de información con relación a la Internet. Suena bastante geek pero dadas las circunstancias actuales, en las que el acceso a tecnologías como el HTML como el weblog o la sindicación de contenidos hacen que el intercambio de información sea tan rico, creo entender que una tendencia inequívoca ha nacido: más importante que el sitio web del animoso y desenfadado opinante escondido el weblog como generador de contenidos y más importante que los buscadores va a ser, nuevamente, el directorio.
La dinámica es como sigue: el directorio termina convirtiéndose en el nodo imprescindible, el cual por su propio caracter se encuentra diseñado para catalogar y especificar qué tipo de info genera cada proveedor. En el mundo de los buscadores, un algoritmo puede ayudar a encontrar la coincidencia, pero esta puede ser tan fútil como inmensa.
El asunto me hace recordar un poco al mercado de valores: en este los inversionistas y las empresas son los elementos esenciales como detentadores de necesidades, el uno por colocar fondos y obtener réditos y el otro por encontrar estos fondos para solventar sus operaciones. Sin embargo en el desarrollo de esta típica actividad se ha necesitado la participación de un intermediario, el agente.
El agente es quien transa y negocia dentro de las reglas del mercado en base a su experiencia; y es ya la bolsa como mercado la que permite el intercambio de necesidades. En la Red veo yo que hay algo parecido: hay por un lado una innegable necesidad de información y por el otro un exceso de oferta, de variada calidad. Se da una natural relación pero en ella la eficiencia depende más de la pericia del agente y los reiterados intentos que se realice en “afinar la búsqueda”.
Cada iteración adicional hace que la operación sea ineficiente.
El problema de los directorios es lo que yo llamo “profundidad de rama”. Vengo a construir un lenguaje para explicar lo que quiero explicar, puesto que no soy un entendido en la materia y así, con profundidad de rama quiero hablar de lo extremadamente profundo que habría que navegar en una estructura para encontrar información relevante en medio del exceso.
Pero ¿si el directorio aprende sobre lo que uno busca y quiere?
Más aún, experiencias como la de DMOZ en la que se prioriza el valor que el humano le da a la organización de los recursos permiten entender que siempre que sea posible un directorio manejado por humanos en base a políticas específicas (como las de DMOZ) permite encontrar resultados específicos sobre un ítem que, aunque genérico, puede acortar el radio de búsqueda.
El problema que veo en un futuro es cómo entender la labor de clasificación de un directorio. De una forma u otra, el manejo y la administración de un directorio implica establecer un criterio que organice a los recursos incorporados en el mismo. Criterio que bien puede obedecer a intereses personales o empresariales.
Sospecho que esta declaración puede exacerbar ciertos ánimos y si bien es cierto es sólo un supuesto, bien puede darse el caso de que en la operación y mantenimiento de un directorio se establezcan finos controles, estructuras de censura que permitan reducir al ostracismo a cualquier recurso que sea ajeno a esos criterios que definen una corporación determinada. Señalar o referir sólo a ciertos contenidos, en el mundo de la Internet, no sólo puede ser el apogeo de los lazos familiares, sino la manifestación de un velo de bits que intente controlar la Red.
Asi, si en el pasado eran los Estados los que necesitaban manifiestamente controlar la información, y es de esperar que en el presente las empresas busquen realizar un proceso similar, es tambien dable que con el tiempo pequeñas colectividades se conviertan en concentradores de tráfico, y que inicen el camino de una censura suave.
Espejo
Visto así el panorama, todo parece volver a ser como en el mundo real, en el mundo de las megafirmas de medios y las agenda setting. Sin embargo aqui radica también la madre de la explicación: no se puede extender un ejercicio de control en un medio sin coerciones directas, en una estructura de red por naturaleza en la que aunque exista relevancia en ciertos nodos, aún así se puede llegar a establecer canales indirectos de acceso a determinado recurso.
Me imagino a un directorio que descarte información sobre el racismo, por ejemplo. Sea como sea, cualquier ejercicio de búsqueda automatizada (o incluso manual) permitiría acceder al recurso, quizá con mayores complicaciones pero nada más.
El mismo crecimiento, exponencial, de usuarios y creadores de información hace que cualquier método de control e incluso de registro sea ineficiente. Si, así pues, se parte de la idea de contabilizar y catalogar nodos emisores con el fin de establecer un control, se estaría terminando en una pérdida de tiempo y recursos.
Miniredes
Ejercicios de control de este tipo (exclusión y censura) lo único que podrían hacer es constituir miniredes basadas en el propio mecanismo de control, las cuales igualmente crecerían y terminarán por hacerse inmanejables en sus múltiples intereses (nodos-persona con propias motivaciones) con lo que durante el tiempo en que esta minired basada en la ignorancia del “otro” persista, lo único que crea es un perjuicio social: una pérdida para los que están dentro de la minired como para aquellos que están fuera.
La información en góndolas
Ya quedamos, pues, en que los consumidores de información podrán en el futuro dirigirse a lo establecido tan facilmente como acceder a rutas nuevas trazadas por alguien. Sobre qué tan confiables sean estas rutas tradicionales o nuevas es la cuestión que abordamos, y me parece entrevér que (en medio de todo esto) el resultado va a ser la atomización, la inexistencia de mega centros, para empezar a encontrar nodos múltiples en que inicar relaciones con aquello que nos interesa.
En este estado aquella utopía de libertad de información se va a transformar en su significado: no va a entenderse con que el consumidor va a necesitar requerir la misma, sino que va a tener que _elegir_ cuál es aquella que le satisface. La obligación antigua del proveedor de información (de responsabilidad, imparcialidad, etc.) se va a disolver en la mera apreciación que el consumidor hará al elegir qué es aquello que da por válido.
Incluso el prestigio, que parece sostener la web hoy en día, terminará disolviendose.
Redux
No hago una apreciación moral del asunto. Al señalar estos puntos quiero comprender una mayor dinámica en la Red. Sin embargo, esta ruta suena bastante nihilista: la mecánica conservadora lleva a pensar que es un único nodo el que debe ser mandante. La mecánica del entretiempo habla de directorios. La del futuro nos habla de la duda razonable, y de la elevación de los intereses individuales: valoración es el juego que mañana todos jugarán, en el que los consumidores podrían incluso elegir información erronea, si la consideran más valiosa. Por ejemplo, una de las premisas del periodismo moderno, la noticia contrastada, tenderá a perder valor en contra de la inmediatez y de los distintos puntos de vista sobre un sólo hecho, un suceso que puede ser revalorizado o “re-tomado” en el tiempo. Una eterna “versión del Director”.
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Publicado el 21-9-2004 a las 12:27 am
en Apuntes Peruanos - http://apuntesperuanos.com
(C) J.Francisco Canaza. Contacto: canaza@apuntesperuanos.com
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