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Vacas sagradas y el “yo también”

El argumento de “el que calla otorga” es mafioso. Es un argumento más propio de omertas sicilianas que de democracias. Su uso justifica la impunidad, los atropellos y la altanería de aquel que se siente intocable, del que no tolera ni acepta voz distinta a la suya, y que para esto amedrenta, hostiliza, satura y embauca. Es la forma más fácil de justificar el exceso y la exclusión ya cometidos.

Rossana Cueva, negó que hayan evitado tener la versión del oficialismo y que cuentan con pruebas que acreditan que en todo momento trataron de comunicarse sin éxito con Sánchez, Sheput y Garavito.

Quizá haya un delito encubierto en Perú Posible, pero eso se descubrirá con investigaciones reales. Justificar la falta de fuentes y bases diciendo “el que calla otorga” es, cuando menos, poco profesional.

Muy bien, ahora que no sólo los directivos de América Televisión sino hasta el renunciante Jefe de Prensa de América Televisión reconoce que hubo deficiencias en el reportaje, ¿que?.

¿Que? Pues que asi como todos se suben a la moda de sentirse “perseguido político”, asi ahora Cecilia Valenzuela se sube al bus de los amenazados y amordazados. Estas cosas como que van in crescendo, Laura Bozzo demanda al Estado, luego Alfredo Gonzales; Rossana Cueva se siente presionada, luego , y cosa curiosa, también Hildebrandt, pero “dentro” de Frecuencia Latina. Bueno, a todo esto aparece el Consejo de la Prensa Peruana como el mounstruo y la verdad ya uno mejor se dedica a escuchar cualquier otra cosa menos enredadas. En el Perú sólo se cuecen habas, alguien dijo.

Actualización 08-10-2004: La edición web de Caretas presenta El tuerto es el Rey, un interesante artículo al respecto. La carátula de esta edición es, como siempre, esclarecedora :) y Angelo Carella tiene una buena frase al respecto: “…prefieren inmolarse como martires del .”

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Vacas sagradas y el “yo también”
Publicado el 7-10-2004 a las 1:04 am
en Apuntes Peruanos - http://apuntesperuanos.com
(C) J.Francisco Canaza. Contacto: correo@apuntesperuanos.com

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Comentarios a este artículo

  1. Angelo dijo:

    Me halagas con ese comentario de Inmolarse como martires del periodismo, quedara en los anales de los soberbios periodistas peruanos, a proposito como cambio el reportaje el domingo ultimo

  2. Franc dijo:

    Aja! Buen punto, a corregir links. Jeje, acabas de dejar otra frase inmortal!! “Quedará en los anales de los soberbios periodistas peruanos”. Muchos saludos!

  3. Prof. Lincoln Alayo Bernal dijo:

    LOS DESASTRES Y EL RIESGO
    Las primeras crónicas de desastres datan del siglo XVI y desde ese momento, la forma en que la población y las autoridades han actuado frente a las emergencias ha entrañado una combinación de improvisada generosidad con abusos oportunistas. Ocurría un desastre importante y sus efectos se iban olvidando con el paso de los años hasta que nuevamente la naturaleza mostraba su cara tenebrosa y la gente se veía obligada a sumergirse en la acción, como si las actividades meramente físicas de desenterrar de entre los escombros a muertos y heridos, ayudar a los vecinos a reconstruir y plantar de nuevo los campos, pudieran suavizar el hecho de que seria cuestión de tiempo hasta que la adversidad llamara a la puerta y hubiera que enfrentar un próximo desastre.
    La realidad muestra que esta era la manera como se manejaban los desastres en las Américas hasta los primeros años de la década de los setenta. La mayor parte de las veces el socorro se prestó con mucha generosidad y solidaridad, pero adoptando medidas improvisadas y poco coordinadas, con lo que se presentaron problemas de competencia entre sectores y adicionalmente una respuesta internacional de ayuda que no era la más apropiada técnicamente o la mas sensible culturalmente. Esta respuesta o fase de socorro que incluía la rehabilitación y reconstrucción inmediata, cada vez se hizo mas frecuente y mas compleja debido al crecimiento de la población expuesta al riesgo y a la dependencia en aumento de la sociedad respecto a servicios indispensables como agua, electricidad, comunicaciones, carreteras y puertos.
    Estas experiencias traumáticas mostraron a los países la necesidad de organizarse con el fin de responder mejor a los diferentes problemas que generalmente acompañan a un desastre, es decir: rescatar a los sobrevivientes, atender a los heridos, apagar los incendios y controlar los escapes de sustancias peligrosas, brindar albergue, agua y alimentación a los damnificados, evacuar a las personas a lugares más seguros, establecer comunicaciones, resguardar la seguridad y el orden público, e identificar y disponer de los cadáveres, entre otros.

    Varias catástrofes pusieron de relieve las deficiencias de una respuesta organizada. Asignar toda la responsabilidad a las fuerzas armadas u otro órgano similar, sin inversión previa de recursos y participación del resto de la nación, trae consigo una fase caótica en la que los sobrevivientes enfrentan además de la recepción de la asistencia, a veces contraproducente, de una multitud de organismo e instituciones locales, nacionales e internacionales que actúan, no sólo por mandato, sino también porque por buena voluntad quieren brindar ayuda a los que sufren los efectos del desastre.
    La fase de respuesta es compleja, porque además de la gran cantidad de entidades que participan, el problema mayor radica en la toma de decisiones sin medir sus repercusiones. Se complica aún más si se pretende tomar decisiones y dirigir las operaciones sin conocer siquiera su funcionamiento en condiciones normales en lugar de coordinar los esfuerzos de los actores locales.
    En todos los tiempos y culturas el ser humano generalmente ha tenido una actitud pasiva y facilista o ignorante frente a las dinámicas del medio ambiente físico. Aún está profundamente arraigado el considerar las manifestaciones violentas de la Naturaleza como designios de Dios o asuntos ineludibles de la Naturaleza misma. Es común que ello se exprese en actitudes fatalistas, de resignación y postración, o simplemente de rechazo frente a un tema en el cual el bienestar o incluso la vida están comprometidas en un futuro incierto.
    Planificar con el factor riesgo es, fundamentalmente (y el término mismo lo implica) un proceso de toma de decisiones frente a incertidumbre. Cada vez más, se espera un estrecho compromiso entre la búsqueda de mejor calidad de vida, de opciones de desarrollo y de la menor influencia adversa sobre el Medio Ambiente, lo que conduce a la necesidad de entender la complejidad del problema del manejo de riesgos, tratando sus diversas facetas: culturales, históricas, antropológicas, científico-naturales, técnicas, económicas, psicológicos, entre otras.
    Gran parte del riesgo asociado a los fenómenos naturales puede atribuirse a problemas de percepción. Así como el riesgo de los fenómenos de evolución rápida (p. ej. sismos) no se percibe bien por su escasa ocurrencia, el riesgo que causan fenómenos de evolución lenta, generalmente no es percibido adecuadamente por esa característica, su lento y poco violento desarrollo. La escasa percepción de riesgos también puede deberse a negaciones individuales y colectivas que, incluso en lapsos de pocos años, pueden borrar de la memoria la ocurrencia de fenómenos amenazantes.
    Para aportar a una nueva visión de los fenómenos amenazantes, de la vulnerabilidad de poblaciones y sobre todo, al entendimiento que los desastres no sólo son producidos por eventos de gran magnitud que ocasionalmente afectan extensas regiones y producen ingentes daños, si no que en nuestro medio socioeconómico y cultural hacen parte de la cotidianidad y que, probablemente, están creciendo en frecuencia y en efectos.
    Esta información, o la más reciente sobre los centenares de eventos desastrosos, desde los que afectan a individuos y pequeñas comunidades hasta los que producen víctimas fatales, reportados en los últimos meses, serían motivo suficiente para que en la memoria colectiva mundial se pensara más en la responsabilidad que le cabe frente a su interacción con la Sociedad y con la Naturaleza, siempre dinámica y actuante según leyes naturales y jurídicas ,que a veces se nos olvidan. Junio del 2006. Bibliografía : Edgar Alberto Martínez Londoño
    Prof. Lincoln Alayo Bernal prevencionpe@yahoo.com
    Centro de Capacitación y Prevención para el Manejo de Emergencias y Medio Ambiente
    S.O.S. Vidas Perú / Asesores y Consultores en Gestión de Riesgo Desde 1990
    Somos una institución consultora y asesora privada de carácter técnico, científico y académico, reúne a profesionales de todas las áreas. Nuestra visión es forjar una cultura de prevención de emergencias en toda empresa y/o Institución; a través de la Gestión del Riesgo, El Desarrollo Sostenible, la Administración de Emergencias y la Educación.

    Prof. Mg. Lincoln Alayo Bernal. (43 años)
    Licenciado en Educación, Especialidad Ciencias Sociales , Maestría en Educación con Mención en Gestión Educativa, de la Universidad Cesar Vallejo de Trujillo Región La Libertad Trujillo – PERU Especialista en Defensa Civil , Especialista en Gestión de Riesgo por mas de 20 años. Bombero Voluntario y ex Director de Socorro de La Cruz Roja peruana Filial Ancash a la fecha Director Académico del Centro de Capacitación y Prevención para el Manejo de Emergencias y Medio Ambiente S.O.S. Vidas Perú .Cuenta con casi cuarenta publicaciones de folletos, cartillas y manuales sobre prevención de Incendios, Terremotos, Bio Terrorismo, Terrorismo , Armas Químicas , Primeros Auxilios Psicológicos entre otros temas Formador e instructor de Brigadas de Defensa Civil en Universidades de La Libertad - Perú

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