J.Francisco Canaza
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¿Existe futuro para la izquierda en el Perú?
La pregunta no es ociosa, considerando que estamos a punto de ingresar a un periodo de candidaturas congresales, electorales y demás. Contra lo que podría parecer, la izquierda misma parece no querer volver a la vida: en el afán de conseguir resultados electorales se han abandonado a apoyarse en una figura cuasi conservadora, como la de Valentín Paniagua, antes que explotar otro tipo de liderazgos. Y esto, que sólo hablamos de “una” de las muchas izquierdas…
Porque en el Perú tenemos la “izquierda caviar” que vendría a ser la evolución de eso que alguna vez Rafo León llamó la izquierda divertida, y que no es más que una edulcorada versión de marxistas abandonados a la rutina de saberse socialistas pero que a fuerza de buscar quedar bien con todos, ya no lo parecen.
Luego esa abominación llamada “izquierda jurel” por J. Carlos Tafur, y que pasa por ser la más clara demostración de por qué la izquierda debe cambiar, además de ser manifestación palpable de algo increible: un conservadurismo socialista. Todo un movimiento detenido en el tiempo, que busca aún luchas y victorias plausibles en los setentas, que pasaron a ser luchas románticas en los ochentas, dolorosas en los noventas y espectrales en el siglo XXI.
Más allá, el marasmo. Movimientos supuestamente de izquierda pero teñidos de nacionalismo, de patrioterismo, de ¿liberalismo?… en fin, hay de todo. Asi como está el APRA que no se decide a ser partido socialista, socialdemócrata, liberal o conservador. La izquierda en el Perú es un mundo propio, un abanico extenso que lo único que hace es fomentar esa atomización electoral que permite a los improvisados dar saltos, de las calles y los frentes de defensa, pasando por los medios, y terminar en alguna curul o gobierno regional.
La necesidad de una izquierda clara y definida no pasa sólo por una tarea de marketing político, sino por un mínimo de rigurosidad democrática: en partidos pequeños con “alguna” representación popular tenemos miles de nodos con los cuales coordinar y dialogar a fin de lograr algún acuerdo. Con un partido estructurado se tiene la ventaja de reducir estas largas y tediosas transacciones, y claro: llegar a acuerdos y consensos.
Otro elemento: la izquierda misma gana al concentrar esas voluntades electorales. Y gana tambien la derecha, que al menos sabrá donde está parada y no andará reclamando un papel de centro que no le corresponde. Por que hay que reconocerlo: Lourdes Flores le ha causado un daño terrible a su partido y a todo eso que ella representa, una derecha que se ha visto sin representación aparente al correr ella, Lourdes Flores, a un centro inexistente sólo con el ánimo de quedar bien con todos.
Sobre todo, una izquierda organizada podrá hacer frente a dos fantasmas que asoman su cabeza: el primero Fujimori, el famoso ex presidente peruano al que todos acusan de neoliberal cuando fue mas bien un populista nato y, en sus orígenes, un autócrata mercantilista. Y el segundo Antauro Humala, que puede reclamar el patio de juego de la izquierda y encender la plaza con un discurso reivindicativo que deje a socialistas, comunistas, tibios y rojizos sin espacio. Y sin votos. Ahora, otra cosa muy distinta es ver quién da el primer paso y quién de los muchos líderes de izquierda reconoce el campo de juego y decide por fin ver más allá de su pequeño grupo y reconoce que no sólo hay un espacio para la izquierda, sino que hay una necesidad natural de que esta regrese, de donde sea que haya estado.
Quien te viera, y quien te ve
Hace tres años, el 14 de junio de 2004, Alan García convocó a un Gran Paro Nacional llamado a ser el inicio y consolidación de aquel Frente Social, creación histórica de un APRA y de un García que buscaban a toda costa ganar espacios en la población, y hacer carrera hacia las elecciones del 2006, que por aquel entonces eran todavía lejanas.
Alan García no tenía reparos en empañar la Copa América, ni en tomar una actitud poco democrática. En aquel entonces la demagogía, los apetitos políticos y el desorden no eran un problema para el actual presidente.
La huelga del Sindicato de Profesores SUTEP, las protestas en Ayacucho, región que fuera administrada por el Partido Aprista hasta enero de este año, las movilizaciones en Puno y la larga huelga en Ucayali son el antecedente de nuevas protestas, cuyos orígenes, cuyos problemas vienen siendo trasladados hacia el futuro en actas de compromisos, pero no en soluciones prácticas para la población.
Así sucedió con los cocaleros de La Convención, y parece repetirse en cada actuación de Jorge Del Castillo, bombero preciso del gobierno. La administración demuestra tener un guión de manejo de crisis, pero no un sistema para prevenir y atender la presión social que, en su momento, fue ensalzada por el partido que ahora gobierna. A un año de haberse iniciado la presente administración, lo que queda claro no es que los ministros se hayan cansado, como señaló una representante del Partido Aprista, sólo se ha develado que el APRA no tiene un rumbo claro y que la teoría del gasto como distractor de la presión social se consolide como la única estrategia de la administración aprista.
Leer más:
Ola de huelgas y protestas, Radio Francia Internacional

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